jueves, 25 de febrero de 2021

La cultura patriarcal en los personajes femeninos de la narrativa de Olga Nolla*


A la luz de los postulados sobre el patriarcado, analizamos la narrativa de la escritora puertorriqueña, Olga Nolla. Asimismo, a partir de estos postulados, investigamos cómo son aplicados al estudio sobre ciertos personajes femeninos: las protagonistas de la novela El manuscrito de Miramar. En esta obra, la familia Gómez Sabater está regida por el patriarcado. Sonia es una mujer subordinada ante su padre y su marido, como también ante la tradición familiar, cuya jefatura siempre estuvo a cargo de los hombres. Incluso, en el momento de su vida en que tiene un amorío, también es sometida ante la figura machista del amante. En esta familia, las mujeres vivían bajo el control de los hombres, cuyos modelos se imponían como un sistema de dominación, representativo de nuestra sociedad, característica patriarcal.

El término patriarcal fue establecido por Kate Millet (Sexual Politics, 1960), quien lo usó como categoría analítica, con la intención de crear un marco conceptual de crítica del patriarcado, que basó en una definición de política sexual, según documentan María Fariña y Beatriz Suárez en el artículo “La crítica literaria feminista, una apuesta por la modernidad”. Entiéndase por política, según Millet, el conjunto de relaciones y compromisos estructurados de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otro grupo.

Sonia, casada y madre de dos hijos, abandonó sus estudios universitarios para cumplir con el rol que le imponía su familia patriarcal. Una vez esposa y madre, le correspondía servir a su marido y criar a sus hijos. Así lo hizo por un tiempo y cumplió con las expectativas de su abuelo, su padre y su esposo, hasta que decide retomar sus estudios.

Sonia, ignoraba su condición de subordinada. Estaba tan acostumbrada a cumplir sus roles dentro de la sociedad capitalista y patriarcal, que no se daba cuenta de que había olvidado su identidad. Al casarse había perdido su apellido de soltera, ya no era Sonia, sino la esposa de Felipe y la madre de sus hijos. No se había percatado, porque era la norma de una mujer casada y educada en la subordinación. Sonia carecía de vida pública, porque su lugar era privado y cerrado. Era el espacio del matrimonio, la maternidad y la vida hogareña. Su marido, por el contrario, pertenecía a la vida pública como hombre de negocios y jefe de familia. Sonia solo tenía cabida en el puesto público para lucir como figura decorativa y ejemplo de una mujer de sociedad tradicional. Lo que evidencia lo expuesto por Luisa Montero y Mariano Nieto, sobre el patriarcado.


De acuerdo con lo que expresan Montero y Nieto en el artículo “El patriarcado: una estructura invisible” (2002), un síntoma de que no se quiere reconocer la situación de desigualdad real de las mujeres es, precisamente, la falta de divulgación y comprensión del término “patriarcado”, así como el desprestigio que han sufrido las palabras “feminista” o “feminismo”.

Para estos teóricos, el primer mecanismo que usan unos y otras (para contribuir de manera consciente o inconsciente al mantenimiento del sistema patriarcal) es, el de negación u ocultación de la realidad, el mecanismo del silencio, de la invisibilidad, de no llamar a las cosas por su nombre, como si lo que no se nombrara, no existiera (3).

Como el sistema patriarcal es una construcción social, Montero y Nieto creen que los aspectos más visibles son manifestaciones socioeconómicas. Primeramente, señalan que el papel social de la mujer está definido por estereotipos como los siguientes: la mujer es objeto de atracción sexual; la mujer debe ser pareja de alguien; la mujer no es del todo mujer, si no es madre y convierte a sus hijos en el centro de su vida; la mujer no goza de independencia económica, porque no tiene ingresos o los que tiene son bajos e inestables; la mujer hace todo el trabajo que no es remunerado, como el trabajo doméstico y el de cuidar a otros; la mujer debe aceptar la intromisión de los varones en su intimidad; la mujer es víctima de violencia doméstica o de género, de acoso sexual y violación, si lo provoca; la mujer es totalmente responsable de su protección si no desea embarazarse (5- 8).

Para Alda Facio (“Feminismo, género y patriarcado”, 2015), el patriarcado se trata de un sistema que justifica la dominación sobre la base de una supuesta inferioridad biológica de las mujeres. Tiene su origen histórico en la familia, cuya jefatura ejerce el padre y se proyecta a todo el orden social. Pero existen también un conjunto de instituciones de la sociedad política y civil que se articulan para mantener y reforzar el consenso expresado en un orden social, económico, cultural, religioso y político, el cual, determina que las mujeres, como categoría social, siempre estarán subordinadas a los hombres, aunque pueda ser que una o varias mujeres tengan poder o que todas las mujeres ejerzan cierto tipo de poder como lo es el poder que ejercen las madres sobre los hijos (23).

Facio, destaca, además, que la educación ha sido históricamente un instrumento del patriarcado destinado a transmitir las ideas, valores, conductas y los mecanismos que han asegurado la dominación de los hombres sobre las mujeres. En principio las mujeres fueron excluidas de la educación, puesto que el rol que les correspondía cumplir era el de esposa y madre, rol que se aprendía necesariamente en el seno familiar y a través de procesos de socialización propios al sexo femenino y transmitidos por otras mujeres. La educación tradicional institucionalizada sobrevalora lo masculino y la visión de mundo androcéntrica. Por lo tanto, los hombres y mujeres salen educados en los valores patriarcales (31).

Por otra parte, Boaventura De Sousa Santos aclara en su artículo “La persistencia histórica del patriarcado” (2011), que la persistencia histórica de la cultura patriarcal es tan fuerte que, incluso en las regiones del mundo en las que ha sido oficialmente superada por la consagración constitucional de la igualdad sexual, las prácticas cotidianas de las instituciones y las relaciones sociales continúan reproduciendo el prejuicio y la desigualdad. Según este autor, la cultura patriarcal viene de lejos y atraviesa tanto a la cultura occidental como a las culturas africanas, indígenas e islámicas.

De Sousa Santos presenta dos formas, bajo las cuales se presenta la violencia y la opresión sexual hacia las mujeres. Las llama hardcore y softcore. La primera es el catálogo de la vergüenza y el horror del mundo. La segunda es insidiosa y silenciosa, se produce en el seno de las familias, las instituciones y las comunidades; no porque las mujeres sean inferiores, sino, por el contrario, porque son consideradas superiores en su espíritu de abnegación y en su disponibilidad para ayudar en tiempos difíciles.

Por otro lado, Darío Yaparié expresa en su artículo “La mujer en la cultura patriarcal (I)”, que la mayoría de las mujeres en la cultura patriarcal, han padecido, y siguen padeciendo, los embates de la represión machista, a partir de la idea de que el sexo femenino es un sexo acrítico y pasivo por naturaleza. Este autor expresa que la manera de concebir al hombre y a la mujer con su respectivo quehacer a nivel cultural, político e ideológico, se debe a la peculiar forma del pensamiento patriarcal, que afirma que la mujer es pasiva, obediente y que no tiene pensamiento crítico; mientras que el hombre es activo y es capaz de pensar por sí mismo y por las propias mujeres. Según Yaparié, este pensamiento genera abusos hacia la mujer y hace que los hombres sean los que gobiernen y las mujeres las que obedezcan.

Cuando Sonia, uno de los personajes protagónicos de la novela de Nolla, decidió volver a la universidad se sublevó ante el sistema patriarcal. Su marido, Felipe, se opuso a sus deseos y le recordó que la había tomado por esposa para que fuera madre de sus hijos y administrara un hogar que él llenaba de lujos y comodidades. El marido ejerció su dominación sobre la esposa. Los hijos eran la excusa para manipularla y el mantenerla financieramente, era su manifestación de superioridad económica. Por otro lado, el que Sonia acatara el silencio y bajara la cabeza ante su esposo, era la aceptación de su papel de sometida.

Semejante suerte corría María Isabel, la hija de Sonia y segundo personaje protagónico de la novela en cuestión. Ella estudiaba medicina cuando se enamoró de Andrés, se embarazó y se casó. María Isabel siguió los pasos de Sonia, su madre. Fue esposa y madre hasta que fue perdiendo el entusiasmo por el matrimonio. Después de su tercer hijo no aguantó más y confesó a su madre que quería estudiar medicina. Cuando María Isabel le comunica a su esposo sus deseos de seguir estudiando medicina, este al igual que lo hizo Felipe con Sonia, en su momento, trata de disuadirla con el mismo discurso patriarcal, pero María Isabel no se deja oprimir. Decide darle fin a su matrimonio, rebelándose ante el patriarcado. María Isabel retó su supuesta inferioridad y se convirtió en jefa de familia, papel que era otorgado al varón. La educación, que históricamente ha sido un instrumento del patriarcado, fue el mismo recurso que María Isabel usó para liberarse. Contrario a su madre, quien abandonó sus estudios, la hija terminó su carrera, se convirtió en médica y ejerció su vocación.

Cuando Sonia creyó enamorarse de Enrique, su profesor de historia, su condición como mujer subordinada, no cambió. Ella se sentía seducida por la inteligencia de un hombre mayor, atributo que él sabía usar para manipularla. El resultado imprevisto, para Sonia, fue su preñez y la supuesta falta de moralidad era aún más grave, porque no sabía si el padre era el marido o el amante. Como expuso Montero y Nieto, en la sociedad patriarcal la mujer es totalmente responsable de su protección, si no desea embarazarse, por lo que es Sonia la única comprometida por su estado.

María Isabel, la hija, vive una historia similar. También se convierte en la amante de un hombre casado. La diferencia es que ella ya se había divorciado, pero ese romance llegó a su fin cuando ella se convenció de que él nunca se divorciaría de su esposa para casarse con ella. Dentro de la tradición patriarcal, los hombres tienen amantes, pero no se divorcian.

El manuscrito de Miramar presenta un patriarcado que manipula la psiquis femenina para someterla a su dominación como si se tratase de un orden natural. No aceptan la rebeldía femenina como un acto de individualismo normal, sino como una muestra de ingratitud. Se valen del aspecto financiero para manipular a las mujeres. En este caso, Sonia y María Isabel eran de familias acaudaladas y, aun así, sus respectivos maridos, pretendieron manipularlas, ya que eran los que salían a la calle a trabajar y administraban las finanzas. Sonia se retracta y renuncia a sus aspiraciones de independencia económica, pero María Isabel logra su autonomía financiera a través de su profesión y su trabajo. Madre e hija, son víctimas del patriarcado, versión softcore, que describe Sousa Santos, ya que sufren de forma insidiosa y silenciosa, en el seno de sus familias, instituciones y comunidad.

De acuerdo con las teóricas Lissette Rolón y Beatriz Llenín (¿Quién le teme a la teoría?, 2010) muchas culturas e instituciones dominantes, dentro de las cuales los hombres han sido protagonistas, las diferencias entre mujeres y hombres se han entendido como manifestaciones de inferioridad que bien pueden ser mental, emocional o corporal. Estas han llegado a constituir la base de un mundo en el que las mujeres han sido oprimidas, por esa cultura patriarcal, abusadas, negadas y segregadas. Celia Amorós, por su parte, afirma que la filosofía patriarcal es el “no pensamiento sobre las mujeres”. En el artículo “El método de Simone de Beauvoir: Método y sicoanálisis existencial” Carnero (citado por Amorós, 2009), señala que lo masculino es el poder, ya que es el espacio de la construcción de discursos, de lo público, de lo político y también de lo ético, de la producción cultural y simbólica, de los descubrimientos, de la ciencia y de la filosofía. Según este, lo femenino es el espacio privado, cerrado, el del matrimonio, de la maternidad, el de la vida hogareña y el trabajo doméstico. Por lo tanto, lo femenino se mueve en el ámbito familiar (3).

Sonia se rinde ante el poder casi absoluto de los hombres sobre las mujeres, pasiva y obedientemente; sin embargo, María Isabel busca un fin más democrático y supera la dominación patriarcal, pensando por sí misma y tomando sus propias decisiones.

Esta investigación nos ha permitido descubrir que a la luz de la literatura de Nolla que es una manifestación de la sociedad puertorriqueña de finales del siglo XX, las mujeres aún no han logrado la igualdad de género. A pesar de los manifiestos feministas y de la lucha por los derechos de las mujeres, si tomamos como marco de referencia El manuscrito de Miramar, todavía no se ha conseguido la igualdad entre los hombres y las mujeres, ni en la ficción narrativa ni en la realidad cultural. No obstante, la literatura no solo es capaz de modificar los pensamientos, sino también de influenciar a la acción. Si se escribe, se lee y se estudia más literatura femenina y feminista, se alcanzará la reflexión sobre la realidad del patriarcado y se combatirá esta posición retrógrada.

*Esta ponencia fue presentada durante el XVI Encuentro de Investigadores el 1 de marzo de 2018 en la Universidad del Turabo, Gurabo, Puerto Rico.

Referencias

Amorós, Celia. “El método en Simone de Beauvoir: Método y psicoanálisis existencial”. Ágora. Papeles de filosofía 28.1 (2009): 11-29. Web. 2 feb 2014.

Casablanca, Mercedes. “Olga Nolla”. Sistema Universitario Ana G. Méndez. Universidad Metropolitana de Puerto Rico. Fundación puertorriqueña de las humanidades 2003. Web. 26 sept 2014.

De Beauvoir, Simone. El segundo sexo. 10ma ed. Arcángel Maggio División Libros, Lafayatte, Buenos Aires, 2013.

De Sousa Santos, Boaventura. “La persistencia histórica del patriarcado”. 80 grados Prensa sin prisa Web. 13 may 2011.

Facio, Alda. “Feminismo, género y patriarcado”. Lectura de apoyo I s.f. 1-36. Web. 3 sep 2015.

Fariña Busto, María Jesús & Suárez Briones, Beatriz. “La crítica literaria feminista, una apuesta por la modernidad”. Modernidad. Los signos del 92 (1994): 322- 331. Universidad de Coruña. Web. 3 abr 2014.

Flores Sánchez, Rodrigo. “Memoria y destino en obra de Nolla”. El Universal Web. 29 ago 2002. Impreso.

Fontenla, Marta. “¿Qué es el patriarcado”? Mujeres en Red. El periódico feminista. 1- 4. Web. 16 jul 2015.

Millett, Kate. Sexual Politics. Chicago: University of Illinois Press, 1969. Impreso.

Montero García-Celay, Luisa & Nieto Navarro, Mariano. “El patriarcado: una estructura invisible”. (2002): 1-11. Web. 3 feb 2015.

Nolla, Olga. El manuscrito de Miramar. México: Alfaguara, 1998. Impreso.

Rolón Collazo, Lissette & Llenín Figueroa, Beatriz. ¿Quién le teme a la teoría? 2da. ed. Cabo Rojo: Editora Educación Emergente, 2010. Impreso.

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